Me mudo

Venturas y desventuras de un veterano corredor del montón anticipadamente desvinculado camino de convertirse en abuelo primerizo


Tras unos días de descanso, ora por esto, ora pro nobis, he decidido dejarme de tontunas y volver a correr como antes, es decir poco pero constante; de esta tarde no pasa que hable con el que – de aceptarme en su grupo, algo que me haría dudar del grupo – podría ser mi próxima víctima, digo entrenador.
Mientras tanto quisiera hablaros de un precioso proyecto benéfico que ha puesto en marcha un corredor amigo, burgalés, indomable, un ultrafondista de esos a los que nunca se les acaba la energía interior, se llama Emilio pero probablemente algunos de vosotros le conoceréis por su apodo en los foros, hablo de EmilioComunero.
Aprovechando que va a participar en la próxima edición de la Marathon des Sables, una de esas carreras a las que la palabra maratón se le queda pequeña, ayudará a la Asociación de Niños Autistas de Burgos; como para lograr éxito en su objetivo necesitará la ayuda de mucha gente yo no he dudado en poner mi granito de arena para que lo consiga, además de comprar unos kilómetros dejaré en el blog un enlace directo a su proyecto hasta que finalice todo.
Decir que Emilio es una persona fiable sería decir poco, cualquiera que le haya tratado lo sabe, si tenéis un minuto pinchad en los enlacee para enteraros del proyecto, os invito a enlazarle en vuestros blogs y a colaborar en lo posible para que el sueño se haga realidad y la asociación reciba esa ayuda económica que tanto necesitan.
Hasta mi Dry Manager ha publicado un artículo en la página de carreras populares que puede leerse pinchando aquí.


Como ahora no estoy preparando nada en concreto, cuando digo nada me refiero a alguna carrera aunque en el fondo siempre esté preparando alguna, no me cuesta mucho, la verdad es que nunca me ha costado demasiado, incluso diría que me gusta hacerlo, cambiar de planes a última hora.
Ayer por la tarde, cinco minutos antes coger el coche para irme a la Casa de Campo, decidí que no salía a correr y que me quedaba en casa al calor del hogar, estaba trasteando en el PC y cuando trasteo en el PC me cuesta mucho dejarlo, no me pongo límites porque de esos ya tuve demasiados a lo largo de mi ex-vida y ahora que puedo me permito ciertas rebeldías.
Sin embargo esta mañana temprano he salido al Retiro, mirando por la ventana el día parecía idóneo para correr y no me he equivocado porque ha hecho un día sensacional, frío y soleado como corresponde a la época aunque unas nubes viajeras hayan dejado caer su líquido contenido sobre mi sorprendida cabeza.
He vuelto a salir “arremangao” como me gusta en estos días, al principio se nota un poco la rasca pero enseguida se supera, además cuento con la inestimable ayuda energética de la puta cuesta.
En el parque había poca gente y menos corredores, uno de esos días en que el Retiro queda para uno solo y se disfruta como nunca, no quería darme cera así que me he dedicado a correr para dónde soplara el viento, pero como el viento no ha querido colaborar he corrido sin rumbo fijo, evitando los circuitos habituales porque entonces la cabeza se me llena de referencias de paso y no puedo correr tranquilo.
Sigo teniendo pendiente estudiar en detalle el calendario de próximas carreras, a dos meses vista como mucho, para ver en cuales me apetece o interesa participar; ya que no iré este fin de semana a la Behovia – San Sebastián que es una de las que más me gustan, podría buscar alguna media cercana pero las que veo no me llaman la atención.
Cuando bajaba del parque me he encontrado con una amiga “¿qué tal el maratón?”, “qué buen tiempo hace, ¿verdad?”, “¿y cual va ser el próximo?”, “pues, este....” he dejado la respuesta en el aire, desde ese momento hasta la ducha no he dejado de pensar en ello “¿pero no decías que te pasabas a las medias maratones porque los maratones son muy largos?”, tengo que hablar urgentemente con Eduardo que está preparando a un nuevo grupo con vistas a un maratón de primavera.
Esta tarde o mañana le llamo sin falta, es que sin planes que poder romper sin remordimientos posteriores no me gusta estar y además me gusta tener respuestas para todas las preguntas.

Hasta hace bien poco hubo un maratón en Fuengirola que se llamaba “maratón de los pacos”, tal cual, y yo me dije que algún día lo correría porque me gustaban su nombre y el pueblo, es que yo de pequeño veraneé dos años seguidos en Fuengirola cuando mi etapa en los internados, pero antes de poder cumplirlo dejaron de organizarlo y me quedé con las ganas.
No voy a decir que lo de hoy haya sido un “maratón de los pacos in memoriam”, los pacos a los que me refiero en este post están vivitos y coleando como me han demostrado por enésima vez esta tarde en la Casa de Campo.
Llegaba yo de buen talante, el buen talante no es exclusivo de nadie y hasta yo creo tenerlo en ocasiones, con ganas de correr y en manga corta, lo de la manga corta no ha sido una chulería - aunque los astigitanos aguantemos bien el frío - sino que la camiseta que el otro día me sentaba tan bien hoy me hacía mucha barriga y no era plan.
“Para mí que vas un poco fresco” me dice el primero de los pacos que va con pantalón corto, manga larga y pañuelo al cuello, el segundo de los pacos no me dice nada pero quizás lo haya pensado; tras ellos otros cuantos me dicen cosas parecidas al verme tan aireado, pero yo - tiritando - como si nada.
La verdad es que no he pasado nada de frío, la velocidad de crucero que hemos llevado desde el principio lo ha impedido; al cabo de media hora se han formado los subgrupos y yo, escarmentado por mis continuas equivocaciones, he optado hábilmente por irme con los pacos.
Pero hoy los pacos tenían ganas de marcha y me han llevado otra media hora a todo trapo atravesando paisajes que no me daba casi tiempo a disfrutar ni falta que hace porque cuando corro mirando el paisaje lo más seguro es que me caiga, como le ha pasado a Lucas que se ha metido un costalazo que para qué las prisas, y tampoco era plan.
Entre unas cosas y otras estoy teniendo una recuperación mucho mejor de lo esperado y sin traumas, entre fernandos, garabitas y garrapatas en vez de perder forma, que es lo natural después de un maratón, me parece que la estoy volviendo a coger, tocaré madera por si acaso.

Medio recuperado del día de ayer tocaba vuelta a la carga, activo dos alarmas en el móvil para evitar esa irresistible tentación que en período militroncho se llamaba “echarse una dianilla”, traducido a la vida civil quiere decir “cinco minutos más y me levanto” y que en realidad significa quedarse dormido como un tronco.
Me despierto con la primera, mediante el sonar busco el móvil debajo la cama porque si lo dejo a la vista ni cien alarmas evitarían que lo tirase por la ventana, breve chequeo de las dos extremidades más inferiores, la otra no necesita un chequeo sino ir al baño y eso siempre ayuda a la hora de levantarse.
En el punto de reunión se dan cita muchos corredores, como últimamente he ido pocos domingos hay bastantes a los que no conozco, revisado visualmente el personal presente esta vez no entro al trapo y me quedo en el grupo oficial de recortadores liderado por el doctor.
La subida al cerro Garabitas por el puente Garrapatas se lleva a cabo en completa ausencia de estrés disfrutando de un paisaje que te hace olvidar el madrugón y casi hasta como te llamas, llego arriba concentrado y en buena disposición arropado por el grupo.
Después se forman los subgrupos, yo me uno al que va a hacer un “mariano”, paso a paso descubro que el tal mariano no es un señor con ese nombre sino un circuito que atraviesa el barranco de la Zorra, el más arbolado de la Casa de Campo según Lucas, he dicho bien, si no hubiera dicho según San Lucas pero creo que Lucas santo, lo que se dice santo, no debe ser aunque sea muy buena gente.
Desde el barranco hasta la pasarela final el grupo discurre a diferentes marchetas según el terreno, su inclinación y las prisas del momento, hay barro pero en general el suelo está perfecto para correr sobre blandito, sin machacar las articulaciones; a veces tranquilos y otras arreando llegamos a la pasarela tras más de hora y media de zapateo.
Iniciamos unos estiramientos comunitarios pegados al murete, el lugar se convierte en una escuela de estiramientos en la que cada día aprendo alguno nuevo aunque no tenga claro si poseo cada uno de los músculos o tendones que dicen estirar, por si acaso hago los que más me llaman la atención por su nombre.
A continuación participo activamente en el desayuno fin de fiesta con un café (con leche como excepción a la regla renal) y una barrita con aceite, tras lo cual emprendo retorno a la calidez y comodidad del hogar, dulce hogar.
Termino la semana con mejores sensaciones que la empecé, de momento mañana me lo tomaré como descanso, es lunes y no tengo intención de madrugar, sería como claudicar y uno tiene sus principios.

Tras la cabalgada bajo la lluvia otoñal del martes he pasado unos días un poco chungos, no tiene nada que ver con el deporte, o quizás sí, sino con un desarreglo renal que espero no desemboque en un nuevo episodio de cólico nefrítico por la cuenta que me tiene.
Esta mañana he vuelto a la carga, he salido con Fernando, no lo había comentado pero él terminó muy bien el maratón de Chicago, que ya se ha metido otro objetivo entre ceja y ceja aunque esta vez no podré acompañarle porque el día de la carrera estaré de nuevo al otro lado del charco esperando a que el futurible llame a la puerta.
Como ya he contado alguna vez salir a correr con Fernando quiere decir salir a correr, nada de trote ni contemplación paisajística salvo raro acuerdo previo, si no quiero sufrir más de la cuenta tengo que llegar al punto de encuentro con el calentamiento hecho porque en cuanto nos vemos se acaba la tranquilidad.
Eso me ha obligado a subir corriendo la puta cuesta, asfixiante costumbre que casi tenía olvidada pero que estoy dispuesto a recuperar porque cuando la subo corriendo me encuentro mejor durante la sesión posterior que cuando lo hago andando.
Así ha sido hoy, en menos de quince minutos me he plantado en el punto acordado y tras unos minutos de espera, he llegado con adelanto sobre la hora prevista, le he visto venir por lontananza con su trote característico, me he preparado mentalmente “¡banzai Santi!” y a correr se ha dicho.
Han sido dos vueltas al circuito de 3k, Fernando ya llevaba dos en el morral en ese momento, como hoy me encontraba extrañamente bien he aprovechado para darle un poco, la primera en 14:41 y la segunda en 14:12, ante los atónitos ojos de mi amigo que no se lo esperaba, “joer Santi iba a decirte algo pero ya no te lo digo”, es que él piensa que me he recuperado bien porque en Chicago me quedé un poco a medias y seguramente tenga razón.
Por si fuera poco me suelta antes de despedirnos “por cierto, has debido adelgazar porque la camiseta no te queda morcillona como el año pasado”, se refería a mi camiseta preferida, una de invierno que me compré en Nueva York cuando el maratón que es un prodigio de confort pero no admite medias tintas.
Con la moral a la altura que corresponde en estos aislados casos he empleado otros doce minutos en llegar hasta casa sintiéndome el rey del mambo, ya sé que no es nada del otro jueves pero como no tengo abuela me lo tengo que decir yo, dónde me esperaba un triste té con un poquito de pan con mantequilla, lo del té no es por gusto sino porque voy a retirarme de los productos lácteos una temporada por lo de las piedras en el riñón.
Y mañana por la mañana nuevo madrugón para salir con los Garabitas, parece que el otoño me esté sentando bien en un 75%, sobre el otro 25% habrá que esperar a ver que me dice el urólogo cuando le visite y me diga aquello de "relájese y vaya bajándose el pantalón...".